Nacida en el Delta del Mekong
Mui Ne es un pequeño pueblo de pescadores 200 kms al oeste de Saigón, es famoso por la salsa de pescado que elaboran de forma artesanal en tinajas de barro, el olor a pescado en salmuera está presente en todo el pueblo, después de unos días te habitúas a él, aunque siempre te sorprende en algún momento con una intensidad superior a la habitual, y a pesar de que me encanta el pescado en todas sus formas reconozco que tal aroma en algunos momentos me tiraba para detrás.
Allí conocí a Ut, una vietnamita del Delta del Mekong, treinta
y
algo, como tantas otras había emigrado a Saigón a buscarse la
vida, me contó algo de su trágica vida, una hermana muerta por
la mordida de un vampiro rabioso, una tortuosa relación con un
vietnamita, separada con un hijo, huérfana de madre y padre paralítico
a causa de heridas de guerra.
Ut parece que había encontrado la paz en Mui
ne, casada nuevamente con su feliz marido, Adrian, un maduro ex-policía
holandés. Un hombre que al retirarse, recaló en Vietnam y se
enamoró de este lugar. Apasionado de las bellezas del país,
no paraba de
enseñarme fotos en el ordenador de su preciosa casa junto a la
playa. Mira, mira,- recalcaba, no me digas que no son guapísimas!,
cuando me mostraba imágenes de mujeres vietnamitas en diferentes situaciones.
Coincidía con él, pues la belleza es universal, sexys y elegantes,
las jóvenes vietnamitas cuando van en sus bicicletas camino de la Universidad
todas vestidas iguales con sus trajes tradicionales. Siempre me llamaron la
atención allá donde las veía, al pasar delante de mercados,
de casas maltrechas, por polvorientos caminos, aunque el lugar fuera feo ellas
lo hacían bonito, como si fueran hadas madrinas sobre sus bicicletas.Mientras
comentábamos las fotos Ut miraba y Adrian tuvo el detalle de sacar
un álbum con retratos de ésta cuando era más joven. La
encontré bella pero triste. Ahora, tenía el rostro más
estropeado a pesar de ser aún joven, pero los ojos le brillaban de
felicidad.
Esta singular pareja me contó las calamidades
que pasaron antes
del matrimonio en Vietnam. Una vez comprada la casa donde vivían, todo
a nombre de Ut ya que los extranjeros en este país no pueden poseer
una propiedad privada, decidieron pues ir a vivir juntos. Un día la
policía les vino a visitar y les prohibió dormir juntos. Adrian
conocedor de las leyes internacionales, les decía que violaban los
derechos humanos, la intimidad y bla bla bla, Ut, más práctica,
metió unos millones de dongs en un sobre y se los entregó a
éstos. La policía es corrupta, pero el tema es muy serio, se
llevaron el sobre, y Ut se fue a casa de amigas hasta que se casaron. Aunque
me reconocieron que alguna que otra noche burlaron a la pasma, no lo hacían
más a menudo, no por miedo a las represalias que éstos podían
tomar, sino porque al reincidir había que rellenar
más el sobre.
Al marcharme, me fui a despedir de mis amigos en Mui Ne, Ut se ha ido a Saigon de compras,- dijo Adrian, pues para Saigón también me marcho yo.

La ciudad mas moderna de Vietnam, la más concurrida,la más
poblada, la mas libertina. Una noche salí de copas con un israelí,
que no tenía nada que ver con el prototipo de viajero judío,
un mecánico de coches que en su mes de vacaciones decidió viajar
al país con el que siempre soñó. Nos sentamos en una
terraza que estaba muy animada. Al poco de estar allí nos damos cuenta
de que era un local de chicas bum bum, no tardaron mucho en acercarse dos,
se sentaron en nuestra mesa. Una de las veces mire hacia la barra y me pareció
reconocer a una de las chicas. Decidí acercarme a ella, efectivamente,
la conocía , era Ut, estaba sentada junto a un extranjero cuarentón
de pelo rubio. Al verme se quedó como cortada, pero luego reaccionó
con naturalidad y me dijo que había venido a Saigón a ver a
sus amigas.
Allí estaba su vida, y así me lo reconoció abiertamente,
lo que
sin querer se había convertido en su pasión. ¿Sería
ésta la chispa que brillaba en sus ojos?, de una chica triste que derramaba
sus lágrimas en el Mekong, ¿quizás tanta tragedia un
día la hizo cambiar?.Mi opinión es que no importa el "qué"
sino el "cómo". Tomar copas, reir e irse a la cama con hombres
no creo que sea en absoluto indigno,
siempre y cuando el cobrar sea parte del morbo, se viva con
alegría, se comparta con las amigas y "se descanse cuando se
quiera".

Con todo el cariño a las gentes de Vietnam,
un pueblo orgulloso y
trabajador.
Geko